DANIEL TXOPITEA / VOLVER A CRITICAS
 
Daniel Txopitea. El Correo. Lunes 2 de Febrero de 1998

En estas fechas y muchas que se seguirán, cuando los presentes seamos una memoria entre ortigas dónde habite el olvido (Cernuda), se hablará de Jorge Oteiza Embil, queramos uno o pese a otros. Ahora surgirán milagreros del descubrimiento Oteiziano: Oteiza artista, Oteiza filósofo, Oteiza poeta, Oteiza combatido, Oteiza genio y figura.
Bien que se ha escrito mucho en el pasado sobre éste Hombre (El escribió más que nadie), pero en su mayor parte pretenciosas tesis, doctor análisis, alguno de ellos de escaso acierto y dudosa eficacia didáctica. Sin embargo, él lo repitió hasta la afonía durante los últimos 50 años, que solo le interesaba el hombre.
Sensibilizado, preparado intelectual y espiritualmente para la vida, para la vida de otros desde la propia y que poco se ha hablado o escrito sobre este Oteiza.
He admirado a Jorge Oteiza desde lejanas fechas, estudiado su obra, sin modestia diría que hasta llegar a comprenderla aunque solo parcialmente, dada su grandeza y complejidad.
Lo curioso es que todavía aguardo a que alguno de tantos refinados estudiosos de la obra de Oteiza sepa explicarle el origen y la razón de las unidades MALEVICH, por ejemplo, definitivas para la comprensión de la escultura conclusiva.

Me han hervido los sesos releyendo los textos teóricos y he aprendido con sus aclaraciones personales a mis demandas sobre semejante investigación.
Lamenté la publicación de El libro de los plagios, me emocioné con su Existe Dios al Noroeste, me acojonó Elegía a Itziar, pero nada me impresionó más que Oteiza personaje, difícil, rayando en lo imposible la relación personal permanente con Jorge.
Nos equivocamos los incondicionales bien intencionados, los aduladores gratuitos, merodeadores convenientes y vampiros de diverso pelaje. Todos ensayando tácticas de aproximación a su persona. Se equivocaron sus denotadores, viles los unos, mediocres los más y Oteiza inaprehensible, tenido, desconcertante, desconocido, imprevisible, Oteiza adorado.
Encontré la ecuación 25 años después de nuestro primer contacto, casi simultaneamente al descubirimiento de la ecuación de sus unidades formales livianas. Era tan simple que era lo mismo: sus estructuras formales mínimas y sustractivas, en escultura son el Oteiza.
Sustractivo y evanescente. Ya lo dijo él, ahora se que todo lo que he hecho en mi vida no es más que una materialización de lo que veía en la infancia.
Oteiza no hizo sino aplicar la curva de su ley de cambios a su propio ciclo biológico; tres ciclos de 30 años desde el origen a plenitud inversa, desde la naturaleza a la vida-nada que ver con la decrepitud senil-no afecta a seres privilegiados. Darán fé de ello todos quienes tuvimos el privilegio de tratarlo durante los últimos años.
Quizás ahora podamos comprender mejor al Oteiza riguroso, ingenuo, violento, seductor, tierno, radical, débil, espiritual, magnético, espontáneo, generoso, egocéntrico, tiránico, teatral e inseguro que desconcertó a sus contemporaneos, escandalizó a las gentes comunes e intentó inútilmente desestabilizar esbatimentos sociales, culturales y políticos convenientemente intocables, los cuales, como respuesta, aplicaron la vieja estrategia de los silencios, no ya respetuosos sino responsablemente ominosos. No entendieron o entendimos que la visceralidad próxima al paroxismo de Oteiza correspondía al perfil de personalidad del superdotado
Hombre/Niño, infantil en su concepción minimalista directa, del universo cultural sus necesidades, todo ello a propósito del proyecto de un país amado.
Benditos todos los que seáis que nos habeis protegido de un personaje inquietante luego peligroso, cuyo empeño fue precisamente no imitarás una vez supo desconsolado de vuestra perniciosa vulgaridad, entre grandezas fútiles ya que carecíais de la vuesrta propia.
Y a más fracasos, derrotas, desilusiones a lo ancho de su larga vida más rabia de Oteiza- duermo con los brazos en alto pero no me rindo. Moriré de rabia pero no de Viejo (Oteiza).-
Una forma de rabia que se reconoce en la manifestación de protesta infantil ante lo entendido como injusticia, con creces más franca y ruidosa que la de nuestros códigos adultos, lo que no significa necesariamente sinrazón ni infanlibilidad absoluta, así es nuestro Oteiza, gigantesco e ingenuo capaz de engalanar las mayores cumbres del pensamiento o deslizarse hacía la tentación del exabrupto más esperpéntico.
Este dificil equilibrio, entre su potencial creador y destructivo fueron sus permanentes polos vitales, que se distorsionaron más si cabe a la muerte de Itziar, pragmática, omnipresente y sólida mujer, elemento amortiguador de berrinches y euforias. Suscribo mi personal asunción de la mayor parte de las críticas y denuncias de Oteiza que es para muchos el legado más impresionante que hubiésemos podido soñar y que otras generaciones en el futuro vaticino, sabrán admirar en toda su significación, pero yo me he quedado con su lección magistral.

 
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