En estas
fechas y muchas que se seguirán, cuando los presentes
seamos una memoria entre ortigas dónde habite el olvido
(Cernuda), se hablará de Jorge Oteiza Embil, queramos
uno o pese a otros. Ahora surgirán milagreros del descubrimiento
Oteiziano: Oteiza artista, Oteiza filósofo, Oteiza
poeta, Oteiza combatido, Oteiza genio y figura.
Bien que se ha escrito mucho en el pasado sobre éste
Hombre (El escribió más que nadie), pero en
su mayor parte pretenciosas tesis, doctor análisis,
alguno de ellos de escaso acierto y dudosa eficacia didáctica.
Sin embargo, él lo repitió hasta la afonía
durante los últimos 50 años, que solo le interesaba
el hombre.
Sensibilizado, preparado intelectual y espiritualmente para
la vida, para la vida de otros desde la propia y que poco
se ha hablado o escrito sobre este Oteiza.
He admirado a Jorge Oteiza desde lejanas fechas, estudiado
su obra, sin modestia diría que hasta llegar a comprenderla
aunque solo parcialmente, dada su grandeza y complejidad.
Lo curioso es que todavía aguardo a que alguno de tantos
refinados estudiosos de la obra de Oteiza sepa explicarle
el origen y la razón de las unidades MALEVICH, por
ejemplo, definitivas para la comprensión de la escultura
conclusiva.
Me han hervido los sesos releyendo los textos teóricos
y he aprendido con sus aclaraciones personales a mis demandas
sobre semejante investigación.
Lamenté la publicación de El libro de los plagios,
me emocioné con su Existe Dios al Noroeste, me acojonó
Elegía a Itziar, pero nada me impresionó más
que Oteiza personaje, difícil, rayando en lo imposible
la relación personal permanente con Jorge.
Nos equivocamos los incondicionales bien intencionados, los
aduladores gratuitos, merodeadores convenientes y vampiros
de diverso pelaje. Todos ensayando tácticas de aproximación
a su persona. Se equivocaron sus denotadores, viles los unos,
mediocres los más y Oteiza inaprehensible, tenido,
desconcertante, desconocido, imprevisible, Oteiza adorado.
Encontré la ecuación 25 años después
de nuestro primer contacto, casi simultaneamente al descubirimiento
de la ecuación de sus unidades formales livianas. Era
tan simple que era lo mismo: sus estructuras formales mínimas
y sustractivas, en escultura son el Oteiza.
Sustractivo y evanescente. Ya lo dijo él, ahora se
que todo lo que he hecho en mi vida no es más que una
materialización de lo que veía en la infancia.
Oteiza no hizo sino aplicar la curva de su ley de cambios
a su propio ciclo biológico; tres ciclos de 30 años
desde el origen a plenitud inversa, desde la naturaleza a
la vida-nada que ver con la decrepitud senil-no afecta a seres
privilegiados. Darán fé de ello todos quienes
tuvimos el privilegio de tratarlo durante los últimos
años.
Quizás ahora podamos comprender mejor al Oteiza riguroso,
ingenuo, violento, seductor, tierno, radical, débil,
espiritual, magnético, espontáneo, generoso,
egocéntrico, tiránico, teatral e inseguro que
desconcertó a sus contemporaneos, escandalizó
a las gentes comunes e intentó inútilmente desestabilizar
esbatimentos sociales, culturales y políticos convenientemente
intocables, los cuales, como respuesta, aplicaron la vieja
estrategia de los silencios, no ya respetuosos sino responsablemente
ominosos. No entendieron o entendimos que la visceralidad
próxima al paroxismo de Oteiza correspondía
al perfil de personalidad del superdotado
Hombre/Niño, infantil en su concepción minimalista
directa, del universo cultural sus necesidades, todo ello
a propósito del proyecto de un país amado.
Benditos todos los que seáis que nos habeis protegido
de un personaje inquietante luego peligroso, cuyo empeño
fue precisamente no imitarás una vez supo desconsolado
de vuestra perniciosa vulgaridad, entre grandezas fútiles
ya que carecíais de la vuesrta propia.
Y a más fracasos, derrotas, desilusiones a lo ancho
de su larga vida más rabia de Oteiza- duermo con los
brazos en alto pero no me rindo. Moriré de rabia pero
no de Viejo (Oteiza).-
Una forma de rabia que se reconoce en la manifestación
de protesta infantil ante lo entendido como injusticia, con
creces más franca y ruidosa que la de nuestros códigos
adultos, lo que no significa necesariamente sinrazón
ni infanlibilidad absoluta, así es nuestro Oteiza,
gigantesco e ingenuo capaz de engalanar las mayores cumbres
del pensamiento o deslizarse hacía la tentación
del exabrupto más esperpéntico.
Este dificil equilibrio, entre su potencial creador y destructivo
fueron sus permanentes polos vitales, que se distorsionaron
más si cabe a la muerte de Itziar, pragmática,
omnipresente y sólida mujer, elemento amortiguador
de berrinches y euforias. Suscribo mi personal asunción
de la mayor parte de las críticas y denuncias de Oteiza
que es para muchos el legado más impresionante que
hubiésemos podido soñar y que otras generaciones
en el futuro vaticino, sabrán admirar en toda su significación,
pero yo me he quedado con su lección magistral.
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