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Es Delgado y
usa lentes, cargado de espaldas –mal de muchos pintores-
comenta, y en la calle un aire ausente que podría pasar
por antipático. La aproximación al personaje
podría advertir su naturaleza despistada y simultánea
condición miope, descubrimiento que no ha se ser un
alivio avalado por su conversación y sentido del humor
salpicado de incisiones irónicas al punto de engañosa
acidez.
A ver, por encima, ¿infancia, adolescencia?
Nací en Ermua en el barrio Katxango pero no puedo hilvanar
recuerdos porque a los tres años mi familia se traslada
a Eibar, al lado.
Aquí si recuerdo un feliz parvulario y el paso a la
primaria. Eran los tiempos de la inmigración interior,
tiempos duros, y aquellos niños desarraigados de sus
culturas, de cincuenta procedencias. Y la nuestra y el idioma
prohibidos, claro. Pues esta tensión la resolviamos
deportivamente en el recreo entre provocaciones y peleas feroces
¡vaya época!.
Luego clases particulares, estudios comerciales y mi primer
empleo a los dieciséis como administrativo. Sigo estudiando
y es por entonces cuando comienzo a pintar.
¿Autodidacta?
No exactamente. Pintábamos al aire libre mi amigo Marino
Plaza y yo, elementalmente, pero voluntad de aprender sí
que poníamos.
Algo importante y generoso significó nuestra relación
con Paulino Larrañaga, excelente pintor, grabador y
tallista, mayor que nosotros. Nos ofreció compartir
su estudio, una buhardilla de cesión municipal, y allí
nos instalamos para exasperación de Fernando Beorlegui,
magnífico pintor que también lo compartía.
Con ambos aprendimos mucho y en directo y en el momento oportuno
¡un auténtico lujo de profesores en exclusiva!.
Yo personalmente afirmo que aprendí más que
en otras experiencias posteriores.
Ah, tampoco existían escuelas de Artes y Oficios; ni
siquiera la Facultad de Bilbao.
Me comentabas que también te han interesado
otras áreas de la expresión, la Literatura,
por ejemplo.
La literatura es fascinate y he leído y escrito mucho.
Es otra pasión. Me ha interesado la fotografía,
la escultura, el Arte Gráfico, el diseño industrial
cuando la industria creía no tener esa necesidad porque
la tenía resuelta mimetizando modelos ajenos…el
diseño gráfico y todo lo que significan los
procesos de reproducción. También la edición
artística y literaria, lo último, un libro que
recopila los textos gráficos de “La Ley de los
cambios”, de Jorge Oteiza, que me parece un tratado
extraordinario.
En cambio no he pretendido hacer poesía, por respeto,
ni he llegado a los artefactos informáticos, por desconfianza.
Es que yo creo que el artista es un experimentador por naturaleza
aunque no todos ejerzan y siempre que hablo de esto recuerdo
a Leonardo da Vinci, anda que, y a Le Corbusier, Picasso,
Oteiza, otro fenómeno, y fíjate en Andy Warhol.
Comiezas a exponer muy pronto, fundas un grupo, recibes
premios.
Creo que a los veinticinco fue mi primera exposición
en la sala Arrate de Eibar, luego de la pausa militar, expongo
en Bilbao. El grupo Gorutz lo formábamos Beorlegui,
Iñaki Larrañaga y yo, y su razón era
alborotar un poco el ambiente local, pero no sé como
trascendió, hicimos exposiciones itinerantes por toda
Guipúzcoa, Vizcaya, Alava y Navarra e incluso editamos
un libro, vaya marcha que teníamos. Tuve varios premios
importantes como el de murales en el Festival de Cine de San
Sebastián, el Vasco-Navarro un par de veces en Bilbao…
¿Cómo recuerdas el ambiente artístico
y social de aquellos años?
Nos apañabamos para conseguir información exterior
de todo tipo y la comparábamos y discutíamos
(se queda en silencio un instante y sigue con entusiasmo).
Se hacía Arte muy importante en todo el País,
de altura internacional. Teníamos contactos con los
grupos de artistas más o menos organizados y hacíamos
exposiciones colectivas, encuentros,
conferencias, y todos teníamos en común el sentimiento
de nuestra cultura vasca. Nos sentíamos conspiradores
si tienes en cuenta las cincurstancias políticas, yo
diría policiales de la época, terrible.
Y decides venir a vivir a Zarauz.
En 1.976. Yo conocía Zarauz antes, venía fines
de semana, veranos y así, a casa de mis padres en San
Pelayo. Al casarnos Begoña y yo decidimos instalarnos
aqui, nos gustaba Zarauz para vivir y para pintar con cierta
tranquilidad mejor que en otros sitios; cómodo, cielos
abiertos, bien comunicado… y hasta hoy.
Háblanos de tu pintura. Ahora pintas abstracción.
No. Salvo algún ejercicio experimental creo que no
he hecho abstracción pura; aproximadamente desde 1.975
hasta mediados de los ochenta pinto un realismo mágico,
pero llega un momento en el que me planteo el cambio y así
llego a lo que ahora, un trabajo más construido pero
referente a la figura. Si te das cuenta, en las pinturas de
pequeño formato se advierte mejor.
Desde luego es una pintura impactante, pero…
¿Te parece fácil para la comprensión
del espectador?
Sencillo no hay nada. Cuando pinto pienso en el próximo
cuadro y la idea de la que parto. Luego cada obra va creciendo
con su identidad y lo modifica casi todo. Hay que participar
con ella o el resultado no sirve, al menos es mi versión.
De todos modos el pintor ha sido vencido por el proceso de
pintarlo y a mala leche eso es un reto que se llama el pròximo
cuadro.
Respecto a la comprensión o no, es un fenómeno
más temporal que otra cosa. ¿Era comprendido
el cuadro del perro de Goya en su momento?
Bromas aparte, para mi sorpresa, frecuentemente la gente se
viene con observaciones muy precisas sobre los cuadros y comenta
detalles sobre los cuadros que yo todavía estoy tratando
de resolver.
Tú que has participado en la producción
de este libro, que te ha parecido la experiencia al tratar
con personajes tan diversos.
¿La experiencia? lo que tú dices; todas son
personalidades singulares, algunas extraordinarias. Y no importa
la disciplina a la que se dediquen, sea poesía, música,
escultura, fotografía, pintura… tienen en común
la sensibilidad y la pasión creativa. A mí me
ha complacido esta historia, pero mucho.
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