DANIEL TXOPITEA / VOLVER A CRITICAS
 
Autoentrevista. Zarautz con toda el Alma. Agosto de 1997.

Es Delgado y usa lentes, cargado de espaldas –mal de muchos pintores- comenta, y en la calle un aire ausente que podría pasar por antipático. La aproximación al personaje podría advertir su naturaleza despistada y simultánea condición miope, descubrimiento que no ha se ser un alivio avalado por su conversación y sentido del humor salpicado de incisiones irónicas al punto de engañosa acidez.
A ver, por encima, ¿infancia, adolescencia?
Nací en Ermua en el barrio Katxango pero no puedo hilvanar recuerdos porque a los tres años mi familia se traslada a Eibar, al lado.
Aquí si recuerdo un feliz parvulario y el paso a la primaria. Eran los tiempos de la inmigración interior, tiempos duros, y aquellos niños desarraigados de sus culturas, de cincuenta procedencias. Y la nuestra y el idioma prohibidos, claro. Pues esta tensión la resolviamos deportivamente en el recreo entre provocaciones y peleas feroces ¡vaya época!.
Luego clases particulares, estudios comerciales y mi primer empleo a los dieciséis como administrativo. Sigo estudiando y es por entonces cuando comienzo a pintar.
¿Autodidacta?
No exactamente. Pintábamos al aire libre mi amigo Marino Plaza y yo, elementalmente, pero voluntad de aprender sí que poníamos.
Algo importante y generoso significó nuestra relación con Paulino Larrañaga, excelente pintor, grabador y tallista, mayor que nosotros. Nos ofreció compartir su estudio, una buhardilla de cesión municipal, y allí nos instalamos para exasperación de Fernando Beorlegui, magnífico pintor que también lo compartía. Con ambos aprendimos mucho y en directo y en el momento oportuno ¡un auténtico lujo de profesores en exclusiva!. Yo personalmente afirmo que aprendí más que en otras experiencias posteriores.
Ah, tampoco existían escuelas de Artes y Oficios; ni siquiera la Facultad de Bilbao.
Me comentabas que también te han interesado otras áreas de la expresión, la Literatura, por ejemplo.
La literatura es fascinate y he leído y escrito mucho. Es otra pasión. Me ha interesado la fotografía, la escultura, el Arte Gráfico, el diseño industrial cuando la industria creía no tener esa necesidad porque la tenía resuelta mimetizando modelos ajenos…el diseño gráfico y todo lo que significan los procesos de reproducción. También la edición artística y literaria, lo último, un libro que recopila los textos gráficos de “La Ley de los cambios”, de Jorge Oteiza, que me parece un tratado extraordinario.
En cambio no he pretendido hacer poesía, por respeto, ni he llegado a los artefactos informáticos, por desconfianza.
Es que yo creo que el artista es un experimentador por naturaleza aunque no todos ejerzan y siempre que hablo de esto recuerdo a Leonardo da Vinci, anda que, y a Le Corbusier, Picasso, Oteiza, otro fenómeno, y fíjate en Andy Warhol.
Comiezas a exponer muy pronto, fundas un grupo, recibes premios.
Creo que a los veinticinco fue mi primera exposición en la sala Arrate de Eibar, luego de la pausa militar, expongo en Bilbao. El grupo Gorutz lo formábamos Beorlegui, Iñaki Larrañaga y yo, y su razón era alborotar un poco el ambiente local, pero no sé como trascendió, hicimos exposiciones itinerantes por toda Guipúzcoa, Vizcaya, Alava y Navarra e incluso editamos un libro, vaya marcha que teníamos. Tuve varios premios importantes como el de murales en el Festival de Cine de San Sebastián, el Vasco-Navarro un par de veces en Bilbao…
¿Cómo recuerdas el ambiente artístico y social de aquellos años?
Nos apañabamos para conseguir información exterior de todo tipo y la comparábamos y discutíamos (se queda en silencio un instante y sigue con entusiasmo). Se hacía Arte muy importante en todo el País, de altura internacional. Teníamos contactos con los grupos de artistas más o menos organizados y hacíamos exposiciones colectivas, encuentros, conferencias, y todos teníamos en común el sentimiento de nuestra cultura vasca. Nos sentíamos conspiradores si tienes en cuenta las cincurstancias políticas, yo diría policiales de la época, terrible.
Y decides venir a vivir a Zarauz.
En 1.976. Yo conocía Zarauz antes, venía fines de semana, veranos y así, a casa de mis padres en San Pelayo. Al casarnos Begoña y yo decidimos instalarnos aqui, nos gustaba Zarauz para vivir y para pintar con cierta tranquilidad mejor que en otros sitios; cómodo, cielos abiertos, bien comunicado… y hasta hoy.
Háblanos de tu pintura. Ahora pintas abstracción.
No. Salvo algún ejercicio experimental creo que no he hecho abstracción pura; aproximadamente desde 1.975 hasta mediados de los ochenta pinto un realismo mágico, pero llega un momento en el que me planteo el cambio y así llego a lo que ahora, un trabajo más construido pero referente a la figura. Si te das cuenta, en las pinturas de pequeño formato se advierte mejor.
Desde luego es una pintura impactante, pero… ¿Te parece fácil para la comprensión del espectador?
Sencillo no hay nada. Cuando pinto pienso en el próximo cuadro y la idea de la que parto. Luego cada obra va creciendo con su identidad y lo modifica casi todo. Hay que participar con ella o el resultado no sirve, al menos es mi versión. De todos modos el pintor ha sido vencido por el proceso de pintarlo y a mala leche eso es un reto que se llama el pròximo cuadro.
Respecto a la comprensión o no, es un fenómeno más temporal que otra cosa. ¿Era comprendido el cuadro del perro de Goya en su momento?
Bromas aparte, para mi sorpresa, frecuentemente la gente se viene con observaciones muy precisas sobre los cuadros y comenta detalles sobre los cuadros que yo todavía estoy tratando de resolver.
Tú que has participado en la producción de este libro, que te ha parecido la experiencia al tratar con personajes tan diversos.
¿La experiencia? lo que tú dices; todas son personalidades singulares, algunas extraordinarias. Y no importa la disciplina a la que se dediquen, sea poesía, música, escultura, fotografía, pintura… tienen en común la sensibilidad y la pasión creativa. A mí me ha complacido esta historia, pero mucho.

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