En la sala de exposiciones de la Kutxa en San Sebastián
acoge desde hoy una muestra dedicada al pintor eibarrés
Daniel Txopitea. De sus paredes cuelgan un total de 68 óleos
y dos dibujos que se alzan como espejo de los diferentes estilos
que abarcó el artista vasco a lo largo de su carrera,
desde la construcción geométrica postcubista
de sus primeros paisajes hasta la figuración fantástica,
que cubre el periodo más dilatado de su actividad plástica.
Esta exposición culmina una serie de homenajes a su
figura, organizados al cumplirse un año de su fallecimiento.
Daniel Txopitea nació en Ermua en 1950 y tan sólo
dos años más tarde se estableció con
su familia en Eibar. A los 13 años ya destacaba por
su creatividad, aunque no le quedó otro remedio que
desarrollar su actividad de forma intuitiva, ante la inexistencia
de un centro de formación próximo a su domicilio.
Este comienzo fue precisamente lo que le llevó a autodefinirse
como pintor autodidacta. Fue tres años más tarde,
mientras continuaba con sus estudios, cuando comenzó
a trabajar en un empresa como dibujante y a profundizar en
sus dotes artísticas.
Un año después de su fallecimiento, la exposición
de San Sebastián culmina los homenajes dedicados a
su memoria. El último se lo dedicaron el Ayuntamiento
de Eibar y su amigo Jorge Oteiza, que donó la obra
Txopitea eta pakea (Txopitea y la paz) a esa localidad guipuzcoana.
Sus primeros trabajos se desarrollaron dentro del naturalismo,
que fue derivando hacia una construcción geométrica
postcubista de los paisajes. La serie Geometría inicial,
que se incluye en la exposición, muestra estos inicios.
Txopitea siempre fue un hombre “muy ambicioso en cuanto
a su trabajo e incansable cuando se trataba de investigar”
aseguraba su mujer, Begoña Cendoya. Su inquietud le
hizo descubrir la obra de Amadeo Modigliani. Le cautivó
su estilo y durante una época cultivó la pintura
expresionista.
También tuvo algunos períodos semiabstractos,
pero nunca llegó a la pintura abstracta, porque la
forma humana reclamó siempre su atención. En
1971 abundó en el realismo social, según el
comisario de la exposición, Iñaki Moreno Ruiz
de Egino. El especialista asegura que Txopitea “se interesó
por lo social y lo sindical, muy influenciado por el núcleo
industrial de Eibar”, y por sus convicciones ideológicas.
Estudió la obra del antropologo James Frazer y José
Miguel Barandirán que encontró su reflejo plástico
en Gauzak una ciclo de obras sobre el ritual popular vasco.
“En esta serie la figura humana abandona su expresión
más realista y aparecen intuitivamente otro tipo de
formas que pueden parecer minerales o formas orgánicas
que se asemejan a abstracciones en algún momento”,
indica Moreno.En 1975 comenzó a trabajar dentro de
la figuración fantástica en la que se desarrolló
toda su obra hasta 1985.
Txopitea se casó en 1976 y se instaló en Zarautz.
Fraguó sus oleos en el caserio Mendizabal, que compartió
con el cocinero Karlos Arguiñano, en el barrio de Santa
Bárbara. Pintó la serie Belarrak, que el artista
definió como “un conjunto de ensayos sobre tema
monográfico: vegetaciones y malezas, desde una óptica
interna”, así como Ficciones y Apuntes, que cierra
la época del realismo mágico.
A partir de 1987 el pintor se abrirá a las nuevas corrientes
neo-constructivistas y comenzará una etapa marcada
por la influencia de su amistad con el escultor Jorge Oteiza.
“Oteiza influyó bastante en mi marido en su última
época; tanto por la amistad que les unió, como
por su admiración por la escultura de Oteiza. Estudió
de lleno su obra y esto le marcó”, indica Begoña
Cendoya. “De hecho, en esta época retoma de distinta
manera el geometrismo que predominó en sus inicios”.
Txopitea fué pródigo en exposiciones, pero no
llegó a ver ninguna que abarcara toda su creación.
Esta exposición es una de las más completas
sobre Txopitea.
“Yo estoy muy contenta y supongo que a él también
le abría gustado”, asegura su viuda. La muestra
permanecerá abierta al público hasta el 15 de
marzo. Los dos municipios que marcaron la vida de Daniel Txopitea,
Eibar y Zarautz, ya han mostrado en interés por su
exhibición.
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