DANIEL TXOPITEA / VOLVER A CRITICAS
 
Maribel Marín. El País. 13 de Febrero de 1998


En la sala de exposiciones de la Kutxa en San Sebastián acoge desde hoy una muestra dedicada al pintor eibarrés Daniel Txopitea. De sus paredes cuelgan un total de 68 óleos y dos dibujos que se alzan como espejo de los diferentes estilos que abarcó el artista vasco a lo largo de su carrera, desde la construcción geométrica postcubista de sus primeros paisajes hasta la figuración fantástica, que cubre el periodo más dilatado de su actividad plástica. Esta exposición culmina una serie de homenajes a su figura, organizados al cumplirse un año de su fallecimiento.
Daniel Txopitea nació en Ermua en 1950 y tan sólo dos años más tarde se estableció con su familia en Eibar. A los 13 años ya destacaba por su creatividad, aunque no le quedó otro remedio que desarrollar su actividad de forma intuitiva, ante la inexistencia de un centro de formación próximo a su domicilio. Este comienzo fue precisamente lo que le llevó a autodefinirse como pintor autodidacta. Fue tres años más tarde, mientras continuaba con sus estudios, cuando comenzó a trabajar en un empresa como dibujante y a profundizar en sus dotes artísticas.
Un año después de su fallecimiento, la exposición de San Sebastián culmina los homenajes dedicados a su memoria. El último se lo dedicaron el Ayuntamiento de Eibar y su amigo Jorge Oteiza, que donó la obra Txopitea eta pakea (Txopitea y la paz) a esa localidad guipuzcoana.
Sus primeros trabajos se desarrollaron dentro del naturalismo, que fue derivando hacia una construcción geométrica postcubista de los paisajes. La serie Geometría inicial, que se incluye en la exposición, muestra estos inicios.
Txopitea siempre fue un hombre “muy ambicioso en cuanto a su trabajo e incansable cuando se trataba de investigar” aseguraba su mujer, Begoña Cendoya. Su inquietud le hizo descubrir la obra de Amadeo Modigliani. Le cautivó su estilo y durante una época cultivó la pintura expresionista.
También tuvo algunos períodos semiabstractos, pero nunca llegó a la pintura abstracta, porque la forma humana reclamó siempre su atención. En 1971 abundó en el realismo social, según el comisario de la exposición, Iñaki Moreno Ruiz de Egino. El especialista asegura que Txopitea “se interesó por lo social y lo sindical, muy influenciado por el núcleo industrial de Eibar”, y por sus convicciones ideológicas. Estudió la obra del antropologo James Frazer y José Miguel Barandirán que encontró su reflejo plástico en Gauzak una ciclo de obras sobre el ritual popular vasco. “En esta serie la figura humana abandona su expresión más realista y aparecen intuitivamente otro tipo de formas que pueden parecer minerales o formas orgánicas que se asemejan a abstracciones en algún momento”, indica Moreno.En 1975 comenzó a trabajar dentro de la figuración fantástica en la que se desarrolló toda su obra hasta 1985.
Txopitea se casó en 1976 y se instaló en Zarautz. Fraguó sus oleos en el caserio Mendizabal, que compartió con el cocinero Karlos Arguiñano, en el barrio de Santa Bárbara. Pintó la serie Belarrak, que el artista definió como “un conjunto de ensayos sobre tema monográfico: vegetaciones y malezas, desde una óptica interna”, así como Ficciones y Apuntes, que cierra la época del realismo mágico.
A partir de 1987 el pintor se abrirá a las nuevas corrientes neo-constructivistas y comenzará una etapa marcada por la influencia de su amistad con el escultor Jorge Oteiza.
“Oteiza influyó bastante en mi marido en su última época; tanto por la amistad que les unió, como por su admiración por la escultura de Oteiza. Estudió de lleno su obra y esto le marcó”, indica Begoña Cendoya. “De hecho, en esta época retoma de distinta manera el geometrismo que predominó en sus inicios”.
Txopitea fué pródigo en exposiciones, pero no llegó a ver ninguna que abarcara toda su creación. Esta exposición es una de las más completas sobre Txopitea.
“Yo estoy muy contenta y supongo que a él también le abría gustado”, asegura su viuda. La muestra permanecerá abierta al público hasta el 15 de marzo. Los dos municipios que marcaron la vida de Daniel Txopitea, Eibar y Zarautz, ya han mostrado en interés por su exhibición.